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Una
región y dos ciudades.
Puerto Montt y Bariloche; una historia económica compartida.
Existen escasas investigaciones históricas sobre cómo funcionaban
las poblaciones en la región patagónica, pero a partir de
la creación de la Carrera de Historia en el Centro Regional Universitario
de Bariloche (CRUB), nuevos investigadores han surgido para explorar estas
situaciones y dejar testimonios escritos. Durante el año 2006 se
reabrirá la carrera para que nuevos interesados puedan cursarla.
Es una buena noticia quienes esperan que se cuenten estos relatos y que
estos tengan el sustento del espíritu académico.
La revista Pueblos y Fronteras ha publicado un artículo escrito
por Laura Mendez donde describe las relaciones comerciales que recorrieron
caminos de ida y vuelta entre las ciudades de Bariloche y Puerto Montt
durante las décadas comprendidas entre 1890 y 1920.
Este tránsito de mercaderías seguramente involucró
costumbres y creencias de lo que fue una única región. Así
lo prueban por ejemplo, los habitantes de Colonia Suiza quienes llegaron
en 1895, provenientes de Chile, y domingo a domingo cocinan Curanto, una
comida que aprendieron a preparar del otro lado de la Cordillera.
Transcribimos el artículo citado.
Por Laura Marcela Méndez
La “Conquista Militar” de la Patagonia organizada por el
Estado Nacional Argentino y la “Pacificación de la Araucanía”
emprendida por el Estado Chileno constituyeron una ofensiva letal para
los pueblos originarios en las últimas décadas del S. XIX.
Sin embargo, consolidada la ocupación militar, siguieron vigentes
en el espacio cordillerano las formas económico-sociales heredadas
de los pueblos indígenas- aunque con diferentes actores-, sobre
todo las vinculadas al funcionamiento del área del Nahuel Huapi
como parte de los circuitos económicos del sur chileno.
En este período, que se inicia a fines de siglo XIX y perdura
hasta la tercera década del siglo XX, puede observarse la consolidación
de la ciudad de San Carlos de Bariloche como centro comercial, de acopio
y abastecimiento, de un extenso territorio que incluyó la zona
andina norpatagónica del actual territorio de Río Negro
y Chubut, así como la meseta rionegrina. Un conjunto de decisiones
políticas y económicas contribuyeron a su centralidad, en
concordancia con su estratégica ubicación- que permitía
la comunicación todo el año con Chile vía paso Pérez
Rosales-, la producción ganadera y de lanas en el área rural
y la instalación en ésta de casas comerciales dedicadas
a la exportación con puertos chilenos y europeos.
La consolidación de Bariloche como polo dinámico de intercambio
comercial estuvo, desde su inicio, ligada a dos personas, un lugar y una
empresa: Carlos Wiederhold y Federico Hube, la ciudad chilena de Puerto
Montt y La Compañía Comercial Ganadera Chile Argentina,
delinearon el perfil económico y social de la región del
Lago Nahuel Huapi. Lo que sigue es la historia que explica como y porqué
dos espacios-separados por una cordillera- constituyeron entre 1890 y
1920 una misma región.
El comienzo: Puerto Montt, Carlos Wiederhold y Federico Hube
Finalizada la campaña militar en el Nahuel Huapi se estableció,
en 1883, sobre la costa del río Limay el Fortín Chacabuco
y a partir de él, comenzaron a poblarse las zonas próximas
al río y al lago Nahuel Huapi, en su mayoría por pobladores
de origen germano-chileno, provenientes de la zona de Llanquihue. En 1902
el gobierno nacional, a través de un decreto de su presidente Julio
A. Roca, fundó la Colonia Agrícola Ganadera del Nahuel Huapi,
dándole así identidad jurídica a un conjunto poblacional
que venía nucleándose desde 1895
A partir de entonces, y como lo había sido en los años
anteriores a la razia militar, las relaciones mercantiles con Chile continuaron
y se incrementaron, debido a las grandes distancias y a la dificultad
de las comunicaciones con otros puntos del territorio argentino, a la
carencia de políticas económicas estaduales que propiciaran
la integración de la región del Nahuel Huapi al mercado
interno, a la complementariedad de las economías regionales de
la norpatagonia y el sur chileno, y a la posibilidad de afianzar un tráfico
comercial con Chile rápido y posible durante todos los meses del
año
Hacia fines del siglo XIX, existían tres formas para trasladarse
a Chile, dos de ellas terrestres y una lacustre. Por vía terrestre,
uno de los pasos utilizados era el del río Manso, que nace en las
laderas occidentales del Cerro Tronador, vira al oeste y desemboca en
el Pacífico. Siguiendo su cauce es posible cruzar la cordillera,
existiendo documentación que acredita que ya en 1854 el cacique
tehuelche Sinchel arrió mil vacas desde Chubut a la colonia del
lago Llanquihue y a partir de 1884 frecuentemente se trasladaba ganado
desde Argentina hacia Chile. Ese fue el paso empleado por la Compañía
Frigorífica de Cochamó, poseedora de grandes extensiones
de tierras en el Chubut y exportadora de ganado mayor y ovinos.
El otro paso empleado fue el paso terrestre Puyehue descubierto en 1890
por los chilenos José Tauschek, Bernardo Azocar y Federico Ide,
que comunicaba a la región con las ciudades chilenas de Osorno,
Victoria y Valdivia.
El llamado camino de la Suiza Sudamericana era el Paso Pérez Rosales,
ruta cordillerana lacustre por la que se iba desde San Carlos de Bariloche
a Puerto Varas. Este paso también se denominó “De
los Lagos”, ya que para cruzar la cordillera era necesario navegar
el Lago Nahuel Huapi, el Lago Frías, el Lago Todos los Santos y
eventualmente el Llanquihue. El trayecto de mercaderías y personas
se iniciaba en vapor por el Nahuel Huapi hasta Puerto Blest, de allí
en bote hasta Puerto Alegro; desde el lago Frías a la Casa Pangue
a lomo de burro. De Casa Pangue en coche -cuando los hubo- o a caballo
hasta Peulla. Al día siguiente en vapor por el lago Todos Los Santos
hasta Petrohué, de allí en auto o caballo hasta Ensenada
y nuevamente en barco a través del lago Llanquihue, hasta Puerto
Varas, donde empezaba el último tramo por tierra. Esta ruta fue
la utilizada para la comunicación con la ciudad portuaria de Puerto
Montt.
Esta ciudad, fundada el 12 de febrero de 1853, fue el destino más
importante de las producciones del Nahuel Huapi, sobre todo en articulación
con la actividad comercial de ultramar. En 1894 Carlos Wiederhold instaló
en Puerto Montt la casa comercial “Carlos Wiederhold y Cía.”,
Con planes de expandir su actividad comercial se trasladó al Nahuel
Huapi, acompañado de su hermano y del chilote Antonio Millaqueo.
En el Gran Lago, los hermanos Carlos y Germán Weiderhold inauguraron
el 2 de febrero de 1895 su modesta casa comercial llamada “La Alemana”
primero y “San Carlos” después, en lo que hoy es el
casco urbano de la ciudad. Weiderhold vio la posibilidad de proveerse
de mercadería europea que procedía de Hamburgo a través
de la línea de navegación más importante de la época
-el “Cosmos”- que surcaba el Estrecho de Magallanes. La mercadería
era recibida por su firma comercial establecida en Puerto Montt, desde
donde la transportaba la mercadería a Bariloche. Así, se
estableció con Chile un comercio –principalmente vía
lacustre- organizado de la siguiente manera: las poblaciones argentinas
daban salida a los productos naturales, mientras que Chile proveía
a los pueblos cordilleranos de productos manufacturados europeos, estableciéndose
una triangulación mercantil entre Bariloche- Puerto Montt- Hamburgo.
Desde el Nahuel Huapi se exportaban principalmente lanas y ganado en
pie, provenientes del Nahuel Huapi y del oeste del Chubut, tal cual lo
relató Francisco Moreno, asiduo viajero a la región de los
lagos,
“el comercio de lanas, cueros, cerda, papas, queso, manteca y otros
productos menos importantes permite despachar una embarcación quincenal
a Puerto Blest, productos que son transportados en tres días a
Puerto Montt, mientras que para llevarlos a Viedma se requería
un mes y más...”
La ubicación estratégica de la ciudad de Puerto Montt la
convirtió desde su fundación en un puerto comercial que
recibía productos manufacturados europeos, incluidas maquinarias
agrícolas, sobre todo de origen alemán, y enviaba a Europa
frutos del país, carnes congeladas y lanas argentinas. Los primeros
registros de exportación datan de 1882. En ellos figuran como los
dos principales destinos Alemania y Perú, siendo los productos
exportados madera, mantequilla, aguardiente, carne salada, suelas, conservas,
cervezas y queso. Desde el puerto de Trumao, salían productos agrícolas
como trigo, charqui, crin, lingue, lana, grasa, manteca. Otro comercio
importante era el de animales en pie que, arribados desde la norpatagonia
argentina- salían para el norte del territorio chileno.
En julio de 1899 se constituyó en Puerto Montt la sociedad comercial
“Hube y Achelis”, que exportaba materias primas a Europa y
compraba manufacturas procedentes de los puertos de Hamburgo y Bremen.
La “Hube y Achelis”, que también se dedicaba a comunicar
a toda la región a través del cabotaje por el río
Maullín y el océano Pacífico, era propietaria de
extensos territorios en el sur de Chile y Argentina. En la región
del Gran Lago, compró todas las propiedades que poseía Carlos
Weiderhold, transformándose en su heredera comercial.
Rodolfo Achelis, accionista de la importante empresa naviera Roland Linie
fue quien, junto a Federico Hube, consolidó la incorporación
de la región del Nahuel Huapi en el circuito comercial. La primera
transacción está fechada en junio de 1900, consignándose
una exportación al Nahuel Huapi de 4.018 bultos de mercadería,
en su gran mayoría de origen chileno: Vinos, fideos, frijoles,
cervezas, harinas, mantecas y conservas. En ese año se recibieron
desde la región del Gran Lago 4.347 sacos de lana sucia de oveja,
10 sacos de crin, 10 sacos de cuero de guanaco, 10 cajones de plumas de
avestruz y 77 atados de cueros ovejas.
A partir de 1904, el vapor Niko, de la Compañía de Navegación
Cosmos con sede en Hamburgo, procedente de los puertos del Norte, llegó
a Puerto Montt especialmente contratado por la empresa Hube y Achelis,
que tenía 1064 bultos listos para su exportación. Otros
comerciantes locales también aprovecharon el viaje para mandar
sus productos a Europa. La empresa de Federico Hube y Rodolfo Achelis
exportó en esa instancia 499 barriles de miel, 329 fardos de lana,
74 barriles de cera, 45 cueros salados, quesos, alerce y manihue. En 1910,
debido a la magnitud de las operaciones comerciales, la Cosmos decidió
emprender viajes directos Hamburgo- Bremen- Puerto Montt, con una frecuencia
de un vapor cada 6 semanas . La empresa comercial y ganadera Chile –Argentina
fue elegida entonces como agente consignatario de la compañía
de navegación.
Si bien nos resulta imposible cuantificar el tráfico de ganado
y lanas del Nahuel Huapi a Puerto Montt en este período, por la
falta de registros aduaneros y de guías de traslado de animales,
el trabajo en archivos chilenos, nos permitió identificar a través
de la prensa regional del sur de Chile, el impacto que la producción
del Gran Lago produjo en el mercado consumidor chileno y en la actividad
comercial puertomonttina.
¿Era legal el intercambio comercial entre ambas regiones? En el
primer lustro del siglo XX se dirimieron las cuestiones vinculadas a cómo
considerar por parte ambos estados nacionales a las relaciones comerciales
y económicas entre grupos argentinos y chilenos. En el caso específico
de la región del Nahuel Huapi luego de una investigación
a partir de una denuncia que por contrabando se le formuló a Federico
Hube, por entonces, además de empresario, cónsul argentino
en Puerto Montt, el problema de solucionó con la disposición
del Presidente Julio A. Roca del 23 de agosto de 1904, que decretó
zona libre de derechos aduaneros a toda la región del gran Lago.
Por disposición de Roca se declaró zona libre de derechos
aduaneros en el territorio del Río Negro, a todo el departamento
de Bariloche y la parte occidental del departamento 9 de Julio. Entre
los argumentos esgrimidos para avalar esta resolución figuraban:
“Vista la presentación de los señores Hube y Achelis
pobladores de la parte occidental del Río Negro, pidiendo para
esa región las mismas libertades de que, para canon de Aduanas
gozan los territorios limítrofes del Chubut y Neuquén y
atento lo informado por la Inspección de Aduanas y teniendo en
cuenta que aparte de que por razones de conveniencia pública, para
fomento de esas localidades conviene definir a lo pedido, en nada se perjudica
al comercio general, desde que por la distancia y condiciones que la rodean
no pueden importarse mercaderías de contrabando en los territorios
de la Pampa Central o de la provincia de Buenos Aires que disponen de
Administraciones de Renta.”
Esta resolución, que a primera vista pareciera contradictoria
con la idea de fortalecer las fronteras nacionales, debe comprenderse
en el contexto posterior a los Pactos de Mayo, que signaron la cooperación
bilateral y la decisión de los estados argentino y chileno de resolver
pacíficamente las cuestiones de límites aún pendientes.
. También, con seguridad, aportó a la decisión el
hecho que, el Presidente de la Nación firmante de la concesión,
estaba emparentado con la familia Uriburu- Castells, propietaria de amplias
fracciones de tierra en territorio neuquino, las que fueron compradas
por los socios de la compañía chilena. La connivencia de
intereses entre destacadas familias de la burguesía chilena con
sus pares de Argentina fue, sin duda, avalada por el poder central y demuestra
la articulación entre parentesco, negocios y la posición
social de ambos grupos. (Bandieri, 1999).
En su discurso de cierre del informe de la Chile Argentina como director
gerente, Federico Hube consideró a este decreto presidencial como
“el principio de la unión comercial después del arreglo
de límites y confraternidad entre las dos repúblicas, al
amparo de lo cual se formará un dilatado progreso en esas regiones,
casi del todo inhabitadas hasta hoy.”
En síntesis, desde fines del siglo XIX y hasta las dos primeras
décadas del siglo XX, el principio que primó fue el de “cordillera
libre”, salvo en los casos de imposición de medidas proteccionistas
por parte del gobierno chileno, ante las que el gobierno argentino respondió
con un gravamen al ganado chileno que habitualmente invernaba de este
lado de los Andes. En la región del Nahuel Huapi – al igual
que en zonas de territorio neuquino y el paso de El Manso, del norte de
Chubut- al no tener una aduana habilitada- los intercambios se realizaban
sin ningún tipo de control, ya que era imposible exigir a los comerciantes
el trasladarse cientos de kilómetros en busca de una receptoría
aduanera para pagar impuestos.
La Compañía Comercial y Ganadera Chile Argentina y la triangulación
Bariloche- Puerto Montt- Hamburgo.
Las sociedades de capitales chilenos o germano-chilenos que participaron
de las actividades económicas de la norpatagonia argentina en las
primeras décadas del S. XX. tuvieron como objetivo central poner
en producción y comercialización en los mercados chilenos,
así como su transformación y posterior exportación,
la producción (lanas, cueros y ganado en pie) extraída en
territorio argentino.
Tal es el caso de la compañía Chile-Argentina, que constituye
un caso paradigmático por la magnitud de sus inversiones y negocios,
inusuales para la zona y para la época. Sus operaciones económicas
a escala regional y patagónica impactaron en San Carlos de Bariloche,
marcando el ritmo de las prácticas sociales y económicas
de la región del gran lago por casi dos décadas.
Esta sociedad llegó a ser la poseedora de la mayor superficie
de tierra concentrada por un solo dueño en territorio neuquino,
de 419.737 hectáreas (Bandieri, Blanco:1998,64), a través
de la adquisición en bloque de un conjunto de tierras colindantes
entre sí, compradas directamente a sus propietarios - quienes a
su vez las habían recibido como concesiones a colonizar por el
estado argentino-, o adquiridas por medio de otras sociedades, a través
de la fusión o la compra de tierras a éstas. También
arrendó otras 162.000 hectáreas de diversos propietarios
en territorio rionegrino, centralizando la administración de la
parte ganadera en la estancia Chacabuco, donde residía el coronel
del ejército alemán barón von Reichnacht. Este conjunto
de estancias que constituyeron una única unidad de producción.
En la región del Nahuel Huapi el interés de la “Chile
Argentina” fue principalmente comercial y su objetivo radicó
en habilitar un puerto que recibiera y enviara mercaderías de Chile
y que distribuyera éstas en las sucursales menores que la Compañía
–alrededor de 14- poseía en el interior del territorio de
Río Negro.
En el año 1904 la Sociedad era propietaria de los vapores “Cóndor”
en el Nahuel Huapi y “Tronador” en el lago Todos Los Santos,
además de numerosas lanchas que secundaban los traslados. Poseía
propiedades en Puerto Varas, Frutillar, Puerto Ensenada, Lago Todos Los
Santos, y Puerto Peulla. Más de 100.000 ovejas y algunos miles
de vacunos, y una variada existencia de mercaderías en Puerto Montt
y en todas las sucursales de Chile y Argentina, la definían como
la compañía más poderosa que haya existido hasta
entonces.
La importancia que adquirió esta actividad comercial hizo que
en 1905 el gobierno chileno nombrara su primer cónsul en el Nahuel
Huapi mientras que, sin éxito, los pequeños comerciantes
argentinos continuaban quejándose a las autoridades nacionales
porque no podían competir con semejante emporio.
En el Gran Lago, la Chile Argentina, proveyó a la región
de insumos básicos para la subsistencia, concentró las actividades
comerciales, la propiedad de la tierra, la posibilidad de trabajo de los
habitantes, el poder político de las Comisiones de Fomento, y tuvo
influencia, sin duda, sobre la policía local, el juzgado de paz
y la educación, ya que era quien proveía de los edificios
para que estas instituciones funcionaran y muchas veces, era ella quien
pagaba los sueldos de los empleados públicos.
Los relatos de viajeros y las impresiones de los visitantes, sumado a
la opinión de funcionarios oficiales y vecinos, nos permiten vislumbrar
cómo la Chile-Argentina influyó sobre la vida pública
en el proceso de formación del núcleo urbano y la colonia
agrícola -pastoril. En 1905, un viajero alemán – del
que desconocemos nombre- fue invitado por el director de la Compañía,
a conocer la casa central de Puerto Montt y su sucursal en el Nahuel Huapi.
Según las impresiones del visitante:
” Aquí (en Puerto Montt) se puede comprar de todo tipo de
mercaderías como: Artículos de almacén, artículos
de lujo, relojes, artículos de oro, géneros, botas, capas
de agua, ponchos, artículos de ferretería, pianos, Polyphons;
al igual que arados y máquinas trilladoras... En la sección
de exportación hay una bodega en que se almacenan: Mantequilla,
barriles de miel, (...) lo que en parte se envía a Valparaíso
y parte se exporta. En otro galpón se almacena lana, que se trae
en sacos desde Argentina y se enfarda para ser enviada a Europa. (La sociedad
posee) una Casa Comercial en San Carlos de Bariloche y más de 350.000
hectáreas de tierra para labranza y ganadería en su estancia
de San Ramón en las cercanías del Limay, la que está
poblada y da buenos resultados. Además arrienda 162.500 hectáreas
de terreno. Para el transporte en la Cordillera posee la Sociedad 31 carretas,
230 bueyes y 130 caballos y mulas, lo que seguramente no será suficiente
en poco tiempo más, ya que rápidamente aumenta el transporte
de mercadería. La dirección de la Sociedad como también
los empleados son todos alemanes y los obreros chilenos.”
Jules Huret , un periodista y escritor francés, también
dejó testimonio de su paso por Bariloche en la década del
diez:
“Me quedaba por ver en San Carlos la “tienda” de la
sociedad chileno-argentina que, con la hostería, es el lugar más
animado del pueblo. Es una especie de gran bazar que tiene de abacería,
quincallería, farmacia, perfumería, y estando perfectamente
adaptado a las necesidades de estas comarcas y en donde se ven instaladas
las “fruslerías” de fabricación alemana. Se
venden arañas, lámparas, camas de hierro, arneses, sillas
de montar, herramientas, juguetes alemanes, champagne en cajas, conservas,
espuelas y estribos, correas, máquinas agrícolas, así
como ropas de hombre y de mujer. ”
Explicaba Huret el circuito comercial, a partir de la triangulación
Bariloche- Puerto Montt- Hamburgo:
“Uno de los principales negocios de esta sociedad consiste en comprar
en sus almacenes la lana del ganado de la región, pagar su valor
en mercancías y expedirla a Chile para su exportación a
Europa. Igual criterio se seguía con la miel, la cera, la manteca
y el ganado mismo que se cambiaban por paños, telas, artículos
de mercería, abacería y quincalla y máquinas agrícolas.
Con respecto del establecimiento de los valores para la realización
de estos “trueques”, los comisionistas y fabricantes de Hamburgo
remitían cada tres meses las listas de precios y catálogos
de los productos, lo que facilitaba las transacciones.”
A manera de epílogo. Crisis y declinación del circuito mercantil
Como hemos expuesto, en la región del Lago Nahuel Huapi entre
1880 y 1920 se conectaron las historias de espacios circundantes al Gran
Lago, como el núcleo urbano de San Carlos de Bariloche, y otros
espacios sociales más alejados como lo son puertos y ciudades chilenas
del sur, en especial la ciudad de Puerto Montt. Estos espacios sociales
conformaron un complejo sistema de intercambios y redes comerciales y
sociales integrado a las posibilidades y demandas del mercado chileno
y ultramarino.
La actividad comercial posibilitó en el espacio regional procesos
de acumulación, concebida éste en un sentido amplio que
incluye moneda circulante, inmuebles, unidades mercantiles y productivas-y,
en el caso de algunas, sociedades, como la Compañía Comercial
y Ganadera Chile Argentina, la compra y venta de tierra, la que, por aumento
constante de su precio, resultó una muy buena estrategia de inversión.
La Chile-Argentina fue un claro ejemplo de la modalidad de inversión
de los capitales chilenos en la región- a las inversiones en tierras
se le sumó la actividad comercial-. La “Compañía”
se convirtió en la más importante del espacio regional,
debido a su articulación con las burguesías locales y su
rol de compradora de materias primas y proveedora de insumos, trabajo,
vivienda y posibilidades de crecimiento individual. El análisis
de sus actividades nos permitió observar cómo las prácticas
económicas influyeron en las redes sociales e impactaron en las
decisiones políticas que, a pesar de un discurso nacionalista instalado
como oficial en el siglo XX, permitieron e incentivaron el desarrollo
de las inversiones chilenas en la zona andina.
Este circuito comercial entre Bariloche, Puerto Montt y el mercado europeo
se mantuvo vigente hasta el inicio de la primera guerra mundial, acontecimiento
que, en convergencia con otros factores, inicia un proceso de declinación
de las prácticas mercantiles a ambos lados de la Cordillera de
los Andes.
La Primera Guerra Mundial desatada en el escenario europeo en 1914, generó
la brusca caída de los ingresos de aduana y la paralización
de las actividades de las empresas Roland Linie y Cosmos. En octubre de
1914 el ingreso aduanero en Puerto Montt fue, debido a la contienda, 20
veces menor que en el mes de septiembre de ese año. La compañía
comercial y ganadera Chile-Argentina inició entonces un proceso
de liquidación y la comunicación con el Nahuel Huapi vía
paso Pérez Rosales comenzó a restringirse.
La llegada del ferrocarril a Puerto Montt y el final del la Gran Guerra,
produjeron sobre finales de la década de 1910 un reacomodamiento
de las actividades económicas y los circuitos mercantiles entre
el Gran Lago y la zona sur chilena, profundizando el proceso de aletargamiento
de los intercambios que culminará prácticamente con su desaparición,
hacia la década de 1920.
Fue precisamente en 1920, cuando el Estado Argentino dispuso la creación
de una aduana nacional, que dificultó las exportaciones argentinas
al encarecer los productos, los que debían empezar a pagar impuestos.
En diciembre de ese año, en plena crisis ganadera producto de la
post-guerra, se instaló en San Carlos de Bariloche, una “Receptoría
de Rentas Nacionales”. Ésta no fue la única aduana
creada en estos años, sino una de las muchas que se inauguraron
en el país en pos del objetivo de centralizar el control en Buenos
Aires y establecer una estricta política oficial para evitar cualquier
evasión, ya que la aduana era la mayor fuente de ingresos del Estado
Nacional .
La aduana fue recibida por algunos medios de comunicación con
beneplácito al concebirla como un signo de argentinidad, mientras
que otros vieron en esta decisión un nuevo factor de acrecentamiento
de la crisis económica, ya que inevitablemente, aumentaría
el costo de vida en el espacio regional. El diario la “Nueva Era”,
por ejemplo, fustigó la medida sosteniendo que lo que hacía
falta en el oeste del territorio rionegrino no era una aduana, sino destacamentos
policiales y medidas que fomentaran la explotación racional de
las producciones locales par su comercialización. Con respecto
a la receptoría sostuvo que “ se espera que el contralor
aduanero sea ejercido en forma discreta para no trabar el desarrollo comercial
o agravar las condiciones de vida de la comarca...” De tenor similar
fueran las expresiones vertidas en el periódico “Río
Negro”,
“ No se nos oculta que si se aplica con vigor la vigilancia en
las regiones andinas, se encarecerá la vida para los moradores
del límite andino. Y nos preguntamos: ¿no sería más
sensato y patriótico que antes se diera a estos pobladores facilidades
para sus contactos con las vías del ferrocarril y los puertos?.
Más allá de las demandas y las quejas de la prensa y los
pobladores, la aduana de Bariloche siguió funcionando. El impacto
que produjo en el Gran Lago fue muy importante para la dinámica
de los circuitos mercantiles regionales y para la vida cotidiana de los
moradores del Nahuel Huapi. La decisión política de crear
un resguardo aduanero significó la estocada final para la región
económica de San Carlos de Bariloche y Puerto Montt vinculada por
sólidos circuitos comerciales. La coyuntura política y económica
de los años 20 a ambos lado de la Cordillera de los Andes, marcó
la agonía de un Bariloche agrícola--ganadero y comercial
vinculado estrechamente al pueblo chileno del sur, quien durante más
de veinte años le proveyó de capital, mercaderías
y sobre todo, población.
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